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Esta nativa de Newark vio la necesidad tener maestros de educación especial bilingües. Y regresó a casa para responder al llamado.

A multi-photo collage of Newark teacher Milybet Montijo-Cepeda, who uses a variety of outfits to engage her students.
Mily Cepeda
Courtesy of Mily Cepeda, photo collage by Dan Lyon / Chalkbeat

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Cuando Mily Cepeda regresó a Newark para dar clases en 2019, sintió que era un importante regreso a sus raíces.

“Había estado en Florida dando clases, pero seguía sintiendo que tenía que volver a Newark y hacer lo mismo que mis maestros”, dijo Cepeda, original de Newark y graduada de la East Side High School. “Era mi vocación”

Cepeda también vio la necesidad de tener maestros de educación especial bilingües: ella habla español y trabaja con muchos estudiantes de quinto a octavo grado que enfrentan tanto la barrera del idioma el aprendizaje con una discapacidad.

Ella se inició como maestra hace dos décadas, pero estaba en su primer año de trabajo en la escuela elemental Louise A. Spencer de Newark cuando empezó la pandemia. Como en muchos otros lugares de todo el mundo, las comunidades negras e hispanas de Newark se vieron especialmente impactadas. Hasta este mes de junio, casi 360 de cada 100,000 habitantes de Newark habían muerto por COVID, el doble del promedio nacional.

Cepeda fue una de los más de 275 maestros, padres y estudiantes que le escribieron a Chalkbeat cuando, como parte de nuestra colaboración con Univisión llamada Pandemia 360 pedimos que nuestros lectores de la ciudad de Nueva York y de Newark nos contaran cómo la pandemia había afectado a sus comunidades escolares. Ella habló con Chalkbeat sobre su enfoque de enseñanza visual en un mundo virtual, por qué las relaciones con los padres son importantes y por qué todos los maestros deberían recibir capacitación en primeros auxilios de salud mental.

Esta entrevista ha sido levemente editada para acortarla y hacerla más precisa.

¿Por qué decidió volver a Newark para enseñar y cómo fue su primer año de regreso?

Yo nací y me crie en Newark, y asistí a nuestras escuelas públicas. Empecé a dar clases en el año 2000 en Newark antes de mudarme a Florida, donde dejé de dar clases un tiempo para cuidar a mi hijo. Ambos tenemos una condición en la sangre — hemofilia. Sentí que pertenecía a las los salones de clase y decidí volver. Vi que había necesidad de educación especial bilingüe, de maestros que puedan superar la barrera del idioma y también los retos de aprendizaje. Esa era mi vocación. En las escuelas públicas de Newark tuve maestros excelentes, y yo quería hacer lo mismo que mis maestros.

Me contrataron en otoño de 2019 y estaba estableciéndome. Mis estudiantes me estaban conociendo y tenía una estrecha comunicación con los padres, tanto en español como en inglés. Y entonces llegó marzo de 2020. Todavía recuerdo a mi hijo, que está en escuela superior, llamándome frenéticamente un día de marzo para decirme que en su escuela le estaban diciendo a todos que se fueran a casa. La escuela mía hizo lo mismo poco después.

Saqué todo de mi salón de clases y lo empaqué en mi Jeep, después lo tiré en la sala de mi casa y limpié todo. Entonces respiré hondo y me dije: ‘OK, ¿qué voy a hacer ahora? Inmediatamente empecé a imprimir y preparar paquetes para mis estudiantes.

¿Cómo se adaptó a enseñar en un mundo virtual?

Cuando todo esto empezó, yo y otros maestros de la escuela nos pusimos mascarillas y guantes para darles Chromebooks a los estudiantes. También diseñé y entregué paquetes para cada uno de mis estudiantes — paquetes de lectura y escritura, lápices y papel, y otros materiales que sabía que no todos mis estudiantes iban a tener en la casa. Este fue un momento muy frustrante para los estudiantes de mi clase, ya que muchos de ellos aprenden visualmente.

Durante la transición, tuve que reunirme con muchos estudiantes y sus padres por FaceTime para tratar de explicarles por qué era esencial que los niños se conectaran a la clase todos los días. Después de las clases virtuales en vivo, pasaba varias horas al día grabando videos en español y en inglés de las lecciones y explicándoles paso por paso a los estudiantes cómo hacer sus asignaciones. A menudo grababa solamente mis manos llenando las hojas de trabajo — nuevamente, porque mis estudiantes son sumamente visuales. De hecho, en las clases a menudo me sentaba junto a ellos y les mostraba lo que yo quería que hicieran para luego observar cómo trataban de copiarme. Con esos videos, intenté reproducir esa experiencia pero en un salón virtual.

Mencionó que muchos en su comunidad escolar han enfrentado dificultades durante la pandemia — e incluso antes. ¿Qué han experimentado sus estudiantes, y cómo usted ha respondido a sus familias?

Conozco a padres que perdieron el trabajo, que fueron desalojados de sus casas. Algunos estudiantes no tienen suficiente comida. Y sobre todo al principio, era desgarrador ver cómo muchos de mis estudiantes tenían problemas con la tecnología. Hubo que abogar muchísimo para que ellos tuvieran Wi-Fi y se necesitó mucha capacitación para que se sintieran cómodos usando las Chromebooks.

Todos hemos perdido familiares y amigos a causa del COVID. Y los maestros también — sé de muchos maestros que al conectarse a las clases tuvieron que ocultar lo que verdaderamente les estaba ocurriendo. Como maestro hay que estar ahí para los estudiantes y sus familias, hasta cuando uno mismo haya perdido a un ser querido. Creo que muchos maestros se merecen un Oscar después de este año. Todos tuvimos que actuar. Era difícil estar alegre, pero todas las semanas me ponía sombreros tontos y cantaba usando videos de YouTube — lo que fuera para que mis estudiantes sonrieran, no importa lo que estuvieran enfrentando.

¿Cómo siente que la comunidad escolar ha apoyado a los estudiantes que están teniendo dificultades por haber perdido seres queridos o por problemas financieros?

Nuestros consejeros se reúnen con los estudiantes cada mañana. Los maestros realmente han sido coordinadores de la comunidad en muchos sentidos. Nos comunicamos con las familias para avisarles sobre pruebas de COVID, sobre bancos de alimentos, sobre programas de ayuda financiera. Hay muchos recursos, pero la forma de acceder a ellos no siempre llega a las casas.

Para nuestra familia, este ha sido un año difícil. Mi hijo y yo hemos seguido estudiando en casa porque tenemos hemofilia. Hemos pasado gran parte de este año con mucho miedo y cuidándonos. Todos — mi esposo, mi hijo y yo — nos contagiamos con COVID en enero y quedamos destrozados. Estaba bien enojada, pero luchamos durante una semana y media y salimos adelante. Muchos, incluso dentro de mi propia familia y amigos, no sobrevivieron a esta pandemia. Nosotros, como familia escolar, tenemos que reconocer eso y tratarnos los unos a los otros con cuidado y compasión a la vez que intentamos seguir adelante.

Las relaciones entre padres y maestros han sido esenciales para sobrellevar este año en muchas comunidades. ¿Cómo la pandemia ha afectado sus relaciones, y qué aprendió?

Siento que somos los mejores amigos; sé que suena un poco cursi. Desde el principio de la pandemia les dije a los padres: “Todos somos resistentes, y estamos juntos en esto, así que hagamos que funcione.” Este año he pasado mucho tiempo llamando a los padres por teléfono y por FaceTime. Sinceramente, siento que nos hemos acercado mucho. Tenemos que comunicarnos más, porque sus hijos se están adaptando a muchas cosas. Y tienen muchas preguntas.

Cuando recibo un mensaje al azar de un padre, siento una gran alegría porque se sintió lo suficientemente cómodo como para comunicarse conmigo, y ahora podemos mantener una conversación y establecer una relación. Si me conocen y confían en mí, pueden ayudarme a ser mejor maestra de su hijo. Si me preguntaran cuál es el único ingrediente de una buena relación, diría que lo único que se necesita es comunicación.

¿Qué apoyos específicos de salud mental y aprendizaje quiere que las escuelas añadan, teniendo en cuenta las dificultades de este año?

Este año fui testigo de muchas cosas: voces llorosas de padres, niños que hablaban de la pérdida de sus seres queridos. Y decidí que necesitaba encontrar más oportunidades para aprender sobre salud mental y bienestar. Tomé una clase de primeros auxilios para salud mental de la Fundación de la Hemofilia. Creo que los maestros deben reconocer cuándo un estudiante podría estar en crisis y ayudarle a dar ese primer paso, para abrir un diálogo.

Mi esperanza es que las escuelas ofrezcan más oportunidades de consejería para los estudiantes y más actividades enfocadas en la salud mental, pero también quiero de verdad que todos los maestros reciban capacitación sobre primeros auxilios para salud mental. Yo sé que este año voy a compartir lo que aprendí con los compañeros de trabajo.

¿Hay algún elemento de la enseñanza durante una pandemia que espera que continúe cuando la vida vuelva a cierto grado de normalidad?

Estoy haciendo un doctorado y he enfocado mis estudios en los padres de estudiantes con enfermedades crónicas y su capacidad de recuperación. Espero que los distritos sigan ofreciendo el modelo híbrido de aprendizaje, en particular para niños con enfermedades crónicas, que a menudo tienen que faltar a las clases presenciales. También espero que la nueva o renovada atención que la sociedad ha puesto a la salud mental para quedarse.

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